Se ha escrito sobre Enrique…

A partir de la ausencia de Enrique, innumerables muestras de cariño, agradecimiento y admiración se han compartido tanto en redes sociales, periódicos y revistas e incluso blogs personales. Otros textos no han sido compartidos con anterioridad, pero los autores se han animado a abrir las puertas de sus corazones y han aportado textos en memoria de Enrique. Con la intención de conglomerar todos estos textos en un mismo sitio, en esta sección presentaremos textos cuyos autores, de la más diversa procedencia, han buscado rememorar u honrar a Enrique Servín a través de las palabras.

Para leer poesía en honor a Enrique, da click aquí «Poesía para Enrique Servín¨.

Contenido


CUADERNOS FRONTERIZOS, DOSSIER

ENRIQUE SERVÍN, EL SOL DE LA CULTURA CHIHUAHUENSE

Cuadernos Fronterizos, Publicación Cuatrimestral de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez

No. 50; año 16. Septiembre-Diciembre 2020.

Un bellísimo homenaje publicado por la UACJ y coordinado por Servando Pineda y Thelma García en donde se reúnen textos escritos con muchísimo cariño y admiración de intelectuales, amigos y familia que celebran la vida de Enrique Alberto Servín Herrera.

«El presente dosier es un homenaje póstumo en memoria de un hombre magnífico, cuya erudita cultura nunca fue un impedimento para el diálogo con el prójimo, así fuera principiante o culto. Su buena disposición siempre fue un puente que sirvió para emparejar a los vulnerables». (Pineda y García)

Con autorización de la UACJ y Cuadernos Fronterizos, aquí abajo compartimos con gusto la versión PDF de la edición. Se pide que, de utilizar información contenida dentro del Dossier, se otorgue el crédito debido a sus autores y a la UACJ.

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MAKOÉ BILÉ.

HOMENAJE: ENRIQUE ALBERTO SERVÍN HERRERA

Makoé Bilé n.2, por la Universidad Pedagógica Nacional del Estado de Chihuahua.

Editorial UPNECH. En línea.

«Enrique fue factor de cambio en el esfuerzo por insertar la difusión de los idiomas indígenas del Estado en la contemporaneidad de nuestra época, realizando novedosas estrategias de divulgación de los valores indígenas como la creación de paisajes lingüísticos, otorgando condiciones de apoyo a los Municipios para la pinta de sesenta y seis murales con paisajes y textos literarios en los cuatro idiomas de los pueblos originarios que actualmente habitan nuestro Estado, además de escribir y producir el cortometraje en Tarahumar «Ra ´íchali Bowela», que en su traducción al castellano se titula -Dibujar con las Palabras- (2014)»

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HARVARD REVIEW

Fleeting moments of balance: poems by Enrique Servín Herrera

En un esfuerzo que debe ser reconocido y aplaudido, las traductoras Katherine Silver y Robin Myers lograron que algunos de los poemas de Enrique Servín fueran publicados por la versión online del Harvard Review, en donde se publican poetas nuevos, ensayos, ficción, drama, crítica, entrevistas y reseñas de libros. Cabe mencionar que, como se establece en su sitio web, la Harvard Review se interesa editorialmente por «técnica literaria y agnóstica en cuanto al sujeto y el tema; se toma cada pieza por sus propios méritos y se busca la diversidad de voces. Buscamos evidencia de control, limpieza, deliberación, autoridad y trabajos que nos parezcan que están cumpliendo su cometido, cualquiera que este sea«.

Haz click aquí para acceder a la publicación (en inglés).

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Cuaderno de Abalorios y el triunfo de la memoria, por Nelson Solorio Talavera

Querido Enrique:

Han pasado más de dos años desde que te marchaste. Aunque se trató de un asesinato, me gusta pensar que te levantaste y te fuiste, sin avisar, como era tu costumbre, para no interrumpir la fiesta. Pero, tal y como solía pasar en las fiestas, todo se interrumpió de todas maneras, como cuando decíamos “¿dónde está Enrique? ¿a poco ya se fue?”. Y tronábamos los dientes.

            Casi no puedo describir los vericuetos del duelo que comenzaron con esa pregunta: ¿Dónde estás, Enrique? Era la pregunta que me surgía mientras trataba de entender lo que había pasado.

            De alguna manera, la muerte siempre es incomprensible. La vida lo es todo. Y luego, la muerte. Una inexpugnable perplejidad. Por una parte, la muerte parece una interrupción en seco, y, por otra parte, cada muerte es única y todos la vivimos de manera diferente. Para mí, la noticia llegó una tarde gris de hace dos años, una tarde inocua y común, parecida a cualquiera. Sin premoniciones, sin señales. Es inevitable que lo cotidiano alguna vez contenga la muerte, como si se sirviera cicuta en un vaso desechable. Así, tuve que llevar esa sustancia ardiente en el vaso desechable de mi garganta, y sin querer derramé un poco aquí y allá, y las quemaduras se quedarán ahí mientras yo viva.

            Exactamente como quien carga un vaso rebosante y no puede evitar derramarlo, así me siento al querer hablar sobre tu partida. Quería escribir un comentario sobre tu libro Cuaderno de abalorios, pero, al abrir el libro después de mucho tiempo, lo primero que me topo es la dedicatoria con la que lo firmaste, acompañada de la advertencia: “No vas a encontrar en él nada que no me hayas escuchado repetir muchas veces”. Y así es, leer el libro, es como volver a aquellas tardes en algún café, cuando cuatro amigos nos reuníamos a charlar “Hay que reconocer a tiempo los paraísos” nos dices en el libro. ¿Habré reconocido aquel paraíso a tiempo? Quizá por momentos… Además… ¿Quién iba a decir que resulta tan doloroso volver al paraíso?

            Por más que me digo, ‘no hay nada que lamentar, tu vida es para celebrarse, no para llorarse’. Por más que me digo eso y respiro profundo, la tristeza se derrama de mi vaso desechable y mancha aquellos preciosos recuerdos. Pero no es tan fácil amargar aquel café. Así que he vuelto a las tardes que pasamos juntos en el café Degá. Tratando de hacer lo único que podíamos ante la maravilla y la desgracia del mundo, hablar sobre ellas, con el placer de, si no entenderlas del todo, al menos enunciarlas. Y en efecto, leer Cuaderno de abalorios se parece a charlar contigo, es una especie de álbum de aquellas tardes. 

            Escribiste “cuando estoy en una mesa tomando café me identifico, según el interlocutor, como ecologista, socialista, reformista, igualitarista o ateo”. Esos son algunos ejemplos de lo que fuiste. Pero esas identidades, como las llamas en el libro, no fueron máscaras, si no maneras en las que le sonreías al mundo. En ti aplicaba la antigua sentencia budista que dice: “Para tener todas las virtudes en la palma de la mano, sólo se necesita una: La gran compasión” (Sutra de la realización de Avalokiteshvara). Tú eras un gran compasivo, y en el fondo, a pesar del poderoso resplandor de tu inteligencia, eran tu bondad y amabilidad las que brillaban con más fuerza. O será que, en ti, inteligencia y bondad eran una sola cosa, una sola manera de ver, con una sonrisa, este extraño mundo.

            Cuaderno de abalorios es un triunfo de la memoria, una especie de cápsula del tiempo, en la que tu voz quedó cifrada. En él se escucha al implacable crítico de la superstición y de todas las formas de violencia. Esa conjunción de rigor intelectual y ética que quisiste inculcarnos permanece en esas páginas esperando que volvamos, cuando nos sintamos perdidos. Y es que la memoria es frágil, y a veces me cuesta trabajo volver a aquellos años, como si una pesada neblina me impidiera encontrar de nuevo el camino hacia el formidable valle de tu amistad.

            Ahora la memoria es insuficiente, siempre le queda mal a la vida, pero es todo lo que tengo para volver a charlar contigo. En algún sueño. En alguna fotografía. En alguna página.

            Con frecuencia, pienso cómo habrías vivido este nuevo escenario que surgió a penas unos meses después de tu muerte. Qué pensarías de tal novela, de tal película, de tal noticia… Y a penas puedo asimilar que se haya vuelto tan silencioso charlar contigo. Que tenga que tomar un libro y sentarme en la quietud a imaginar tu voz. Y qué difícil que un libro pueda alcanzar a reflejar un atisbo de la obra maestra que fue tu vida.

            Querido Enrique, es un desplante, un berrinche, decir que no me basta con leerte, que quisiera que estuvieras aquí compartiendo con nosotros, devolviéndole el brillo a estás calles y a esta ciudad, rescatando un poco de la belleza que se hunde cada día en la arena del desierto. Alimentando a las palomas y a acariciando a los perros que otros encadenaron.

            Nos dices en tu libro: “El no saber estar-en-la-vida es la verdadera tragedia”. No puedo decir que no te abracé, no puedo decir que no te expresé mi admiración y que no aprendí de ti todo lo que pude. Así que me esfuerzo en pensar que no hay tragedia que lamentar. Pues, aunque sea por momentos, con tu guía, pude reconocer a tiempo el paraíso.           

Muchas gracias, querido Enrique.

Namo Amitabha

Nelson Solorio Talavera

22 de dic. de 2021

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Nuestra historia con Enrique Servín, por Kenia Ortega

​Hola​,​ yo soy su hijita del alma y su reina de oro, como muchos ya me conocen​;​ así me llamaba ​é​l.. pero me llamo Kenia​,​ y en homenaje a ​é​l les quiero contar una historia, nuestra historia cuando la vida nos mandó un ángel, que fue nuestro otro papá…

Hace 20 años aproximadamente nos cayó un ángel a nuestras vidas​;​ único, maravilloso, divertido, auténtico, amoroso, noble, humilde y bueno si me pongo a decir todas sus cualidades no termino… Entonces a partir de ahí la vida ya no fue vida, fue más que eso. Porque​,​ ¿quien tiene otro papá? ​¿​Que sea como un papá también para mis papás? Y creo que para todos era más o menos igual… Me atrevo a decir que gran parte de nuestra infancia fue maravillosa gracias a él, con sus historias, su experiencia, ​¡​su sabiduría de todo!

​​Y sus juegos locos… ​É​l siempre trataba de hacernos felices todos los días​.​ Recuerdo que nos llevaba juguetitos pequeños casi a diario, a mi las Polly pocket y a mi hermano carritos Hot wheels, y ​é​l s​ó​lo esperaba a cambio nuestro amor para ​é​l​. Ah, y el grito mexicano de mi hermano, y mi hermano era muy espléndido con ​é​l que como a mi hermano le encantaban los tomates, siempre iba al refri​gerador,​ tomaba uno y se lo echaba en la bolsa del saco como de sorpresa. Pienso que en él de alguna manera quería agradecerle esos carritos y todo el amor que nos daba, y pues bueno fuimos creciendo y ​é​l sabia cómo tenernos ahí siempre con él​;​ nos empezó a contar historias, una de ellas y que nunca terminó fue la de Las mil y una noches, y así como ​Z​herezada con el rey siempre nos dejaba en duda cada noche.

Después nos empezó a dar clases de inglés, que hasta algunos de nuestros amiguitos les tocó. – v​é​ngase mi hijito o mi hijita a la clase de inglés​ -les decía a nuestros amiguitos​-​ y ellos con cara de ¿qu​é​? Pero iban….También recuerdo que cada ​Navidad fue especial, simplemente porque la pasábamos con ​él  y su familia​,​ que también quería que fuera la nuestra. Es que simplemente él nos regaló todo, y ​¡​todo es todo!

Y bueno ya un poco más grandes, en cada viaje que hacía cuando regresaba yo amaba que nos contara sus historias y culturas de otros lugares del mundo, recitaba historias en poemas de esas culturas y al terminar siempre decía – ​¡​Qué bonito​!​ ​¿​verdad? De verdad que era algo que me llenaba. 

Y bueno cambiando de tema​… ​​-​como ​é​l acostumbraba también, que de un tema pasa​ba a ​otro totalmente diferente​-.​

El año pasado Dios, la vida y el universo me dieron la oportunidad de devolverle un poquito de todo lo que él ya me había regalado, entonces pude ver que lo hice realmente feliz, le dije que iba a ser abuelo y recuerdo que​ él​ a todo mundo se lo presumía. Más o menos por septiembre le llev​é​ de sorpresa a su trabajo que iba a tener una nietecita con una cartita y un par de calcetines de bebé rosas​…​ hubieran visto su cara…. Y pues en diciembre el 23 ahí estuvo en todo momento, recuerdo y creo que como todo papá estaba más nervioso​ él que yo, pero su mirada era como de emoción, mucho amor, no s​é​, algo inexplicable… 

Cuando veía a Luna e iba le hacía cariños, siempre llegaba y decía –A ver quiero verla.. Est​á​ primorosa mi nietecita. Y en el último de sus días me dí cuenta que a mi bebé también se la gan​ó​ totalmente​:​ ​¡​mi bebé a sus 9 meses tratando de hacer cosas para tenerlo fascinado! Le hacía ojitos, le pedía brazos, fue un momento de mucha dicha para mi… Y como última plática fue que mi esposo le preguntó que si qué pasaría si no existiera la ​l​una​ (satélite de la Tierra)​​,​ a lo que ​Enrique respondió: «La luna es lo mejor y más bonito que le pudo haber pasado a la Tierra, por que sin la ​l​una no existiríamos ya. Es la que nos protege de los meteoritos, por eso parece un queso​,​ porque tiene cráteres que es donde pegan los meteoritos«, y entonces yo le dije​: ​ ​»Cada vez me convenzo m​á​s de haberle puesto Luna a mi hija​»,​ a lo que contestó​:​ ¡Y si! ¿verdad? ​¡​qu​é​ bonito​!​​– y la miró y le hizo como cosquillas ​-​muy diferentes por cierto​- ​con su mano y diciendo guruguruguru​, ​¡Y Luna haciéndole ojitos!

Y así nos levantamos para irnos a mi casa porque estábamos en un parquecito e iba fascinado porque su nieta ya casi caminaba y por todo lo que hacía, dijo​:​ ​¡Q​u​é​ curioso​,​ cómo sabe todo tan chiquita​!​​ E​ntonces entró ​a mi casa y ​mi mamá le ofreció cena y dijo ​»No Tere gracias​,​ ya nom​á​s le voy a robar un pedazo de queso​«​ Lo cort​ó​, se despidió: ​»Nos vemos mañana en el trabajo Tere​,​ cu​í​de​s​e​,​ y como siempre mi​ rey de oro cuidese mucho no haga confianzas de nada ni de nadie«, y a mi; «M​i reina también cu​ídeseme​ mucho​,​ estamos en un mundo de locos, cuiden mucho a la niña​».​ ¿​Q​ui​é​n los adora?» ​Y​ respondimos como siempre​: «Usted​», e​​​​​​​​ntonces ​é​l… -​»Claro que sí, ​con ​toda el alma​»​. R​espondimos​: «Y nosotros a usted​».​

Después salió y escuch​é​ que afuera se despedía de mi bebé Luna, y s​ó​lo escuchaba a mi papá y a mi esposo​:​ ​»Dile adiós Luna​»​ y alguna graciosada le a de haber hecho que él dijo​:​ ¡Ay ​mi reina hermosa! 

Y pues ahí acabó esta historia. La verdad me quedé con mucho que hacer con él, por él y para él​;​ ​¡Yo quería que mi hija también escuchara sus historias! Pero pues ​así es la vida​,​ tan real y que duele ahora tanto, que al igual ​sé que él hubiera hecho todo por evitarnos este dolor. Y es que él nos enseñ​ó​ tanto​,​ pero también era ​é​l tan más despistado que se le olvidó lo más importante​:​ a enseñarnos a vivir sin ​é​l. 

​¡​Lo amamos papá Servín! Que Dios le tenga en sus manos, y que descanse en paz.

Con todo mi amor,

Su reina adorada.

Octubre 2019

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Prólogo de la 2.ª edición de «Así de frágil será el pasado», publicada por Sangre ediciones, Medusa y Editores UACH, 2021 – por Edgar Trevizo

La poesía es conspiración hecha por hombres de buena voluntad para honrar el mundo. Bienhechores furtivos, los poetas merodean por las ciudades y los campos y entran en las casas, no para robar, sino para añadir, y son los espectadores benévolos del universo.

Jorge Luis Borges

Enrique Servín fue un hombre mecido, de continuo, por la alegría y la ternura. Un hombre alto que gozó y nos hizo gozar de un alma hecha enteramente de palabras y de asombros. Mientras él y ese dulce animal que era su cuerpo estuvieron entre nosotros, sobre esta dulce tierra, lo invitábamos con frecuencia a nuestras casas interiores, a nuestras oficinas grises, a nuestras sencillas penas y alegrías, porque sabíamos que alguna belleza habría de añadirnos. Una gracia, algunos versos, aquellas anécdotas que inevitablemente nos volvían de nuevo niños de ojos grandes y boca abierta, bañados por la mágica destreza del gran contador de historias. Y para recibir algo de él no era necesario ser poeta, intelectual, artista, lector; bastaba con ser algo: una pequeña parvada de pericos saltando, camuflados a medias entre la hierba verde; un bolero reflexionando sobre el amor, a quien le parecía que lo verdaderamente importante, asombroso y hasta mágico era el hecho de que dos personas en el mundo se encuentren y se quieran; un nogal bajo el otoño, un político encumbrado, un cocinero, un perro encadenado en el patio de un taller mecánico, un niño Tarahumar o cualquiera que hablase una de las muchas lenguas que dominaba y paladeaba como pequeños, delicados caramelos.

Su profunda curiosidad, su oído ansiosamente abierto al mundo, una memoria prodigiosa, su afinadísima sensibilidad y vasto conocimiento de las grandes tradiciones literarias lo convirtieron, desde luego, en un gran poeta, aunque con sencilla modestia rechazara el título para sí mismo. Esa misma modestia fue la causa, quizás, de que nos dejara pocas páginas publicadas de sus versos, aunque, para ser justos, acaso siempre nos parece poco lo que un poeta nos deja, especialmente cuando ese legado ejerce, para quienes estuvimos cerca, apenas como un vago sustituto de una presencia viva que era en realidad el verdadero poema que admiramos y llevamos hoy, como buenos alumnos, en nuestras memorias. Desde luego, el pasado es frágil, impredecible, y ese poema que fue irá transformándose en alguna otra cosa, vestido de nuestras ilusiones, cariños y nostalgias. Pero del mismo modo en que nada puede surgir de la nada, de esa memoria no podrá surgir otra cosa que belleza.

Al escribir esto, releo en la presentación original de aquel breve libro publicado hace ya más de treinta años, la idea de que el poeta es descendiente del santo y el sabio, – y en este caso, al menos – lo hago con un sentimiento de completa aprobación. Enrique Servín era quizás ambas cosas y la mayor muestra de ello eran su constante ternura, humor y empatía, a pesar de su asombrosa lucidez y de ser, como escribía Anna Świrszczyńska, tan sensible como un diente enfermo ante los múltiples dolores del mundo, sus miserias, injusticias, indiferencias, orgullosa ignorancia, discriminación y desprecio de unos por otros.

Absoluto enamorado de la poesía, solía decir que la única obligación de esta es la de conmover, perturbar, inquietar, alterar a quien la lee o escucha, y tal obligación está sobradamente cumplida en los textos que conforman este pequeño ejemplar, pues, en muchos sentidos, su poesía es una brillante y conmovedora extensión de esas cualidades del sabio a que he hecho referencia: el asombro siempre iluminado por una especie de ternura infantil por las criaturas de la tierra, como podemos leer en La música, la hierba o en Reina de la noche; el delicado humor que, en lugar de la amargura, ilumina sus ironías, como en Carro pintado de azul o Naturaleza muerta; la conmiseración por el destino, no solo de los seres humanos, sino de las criaturas a las que pocas veces les concedemos la importancia que merecen, será una ocurrencia frecuente para quien lea este ejemplar y su precioso El Agua y la Sombra, en el que reaparecen los poemas de este título con algunos ligeros cambios introducidos tras trece años de la aparición de las versiones originales. La lucidez es también, desde lluego, una constante, y las iluminaciones a las que con frecuencia nos conducen los poemas, un verdadero regalo para quienes vivimos bajo el encanto de la curiosidad y de esa amorosa necesidad de comprendernos a nosotros mismos y al mundo, así como de tratar de encontrar nuestro lugar en él, al lado del resto de las criaturas, en el plano de esa igualdad que nos confiere el hecho de compartir el mismo destino de ser, apenas momentáneamente, y volver a un olvido acaso en muy poco distinto a aquel del que surgimos por primera vez en nuestras pequeñas vidas, como magistralmente nos expone en su preciosa Elegía. Y en suma, terminamos por comprender que es cierto: así de frágil es y será el pasado.

Edgar Trevizo, 2021

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Enrique Servín: un sabio y un guía, por Margarita Muñoz

No recuerdo cuando y donde conocí a Enrique Servín, es un dato que se me ha extraviado en la memoria. Sé, sin embargo, que cada encuentro con él fue siempre como un caleidoscopio. Un fulgurante juego de espejos y luces, una deliciosa experiencia. Su recuerdo será  entrañable.

Enrique fue un guía para mí; en muchos de los ámbitos de mi existencia, un referente, alguien cuya presencia es insustituible. Ahora, pensando en su ausencia, reflexiono que no solo lo fue para mí, sino para toda la comunidad de la cultura en Chihuahua.

De gran calidad humana, su generosidad se extendía más allá del ámbito privado y podía compartir su tiempo con todos los que lo rodeábamos, para hablar de cosas triviales y cotidianas, o convertirse en un docto maestro. Su sabiduría desbordaba cualquier expectativa.

Una de las facetas que más me fascinaban de Enrique era su prodigiosa memoria, capacidad para recordar poemas completos de autores como Baudelaire, Italo Calvino, Cavafis o Dolores Batista. Escucharlo recitar versos en el idioma original me parecía extraordinario. Fabulador increíble, contaba las historias más graciosas, imitando la voz de los protagonistas como Octavio Paz, Elena Poniatowska y otros

Igualmente narraba historias geniales sobre personajes familiares o actores de la cultura en nuestro medio. Le gustaba jugar con sus amigos y nos cambiaba los nombres por otros en diferentes lenguas, o en un idioma que él inventó: el servinio, valiéndose de los veintiocho idiomas que conocía y hablaba, desde el latín clásico, la lengua rarámuri, el vasco, hasta el chino mandarín, del cual decía que era difícil «porque hablar en chino, está en chino».

Una de las primeras entrevistas que me publicaron, y que ganó una primera plana en el periódico local de mayor circulación, fue la que le hice sobre su enorme conocimiento de los idiomas.

Su interés inicio cuando su madre lo llevó a tomar clases de inglés, materia que había reprobado. Su interés se  fue acrecentando cuando entró en contacto con dos familias que fueron sus vecinos, una francesa y otra italiana y pronto comenzó a estudiar los orígenes de esos idiomas, sus familias lingüísticas, sus ramas, y encontró la forma de aprenderlos.

Él, que se declaraba agnóstico y siempre expresó que no creía en Dios, encontró el camino para el aprendizaje de idiomas a través de la Biblia. A donde quiera que iba, buscaba las Biblias en el idioma local y hurgaba en cuanta librería se topaba, para localizar varias versiones. Así formó una colección maravillosa que alimentó durante sus viajes por el mundo y en visitas cotidianas a las librerías de la Calle de Donceles en la Ciudad de México.

De las bibliotecas de escritores que he conocido, la de Enrique Servín es la que me ha llamado más la atención, por su variedad de temas y el valor de los libros, la misma estaba forrada de libreros de piso a techo, en donde coexistían diccionarios, Biblias, ediciones privadas, libros de arte, volúmenes antiguos llenos de admirables grabados, en latín y alemán, sueco, islandés, inglés y francés; libros sin fin, que asomaban de los estantes, se acumulan en los muebles, invadían el piso apilados en varios niveles y alcanzaban todo el espacio disponible; libros que inundaban su escritorio de trabajo al lado de objetos traídos de varias partes del mundo y algunas antigüedades heredadas de su familia.

Maestro innato, una de las actividades que disfrutaba era la enseñanza. Entre las más prolíficas que desempeñó, fue la de coordinar talleres de literatura, donde formó varias generaciones de escritores que han venido a enriquecer el universo literario del país.

Cada sesión en su taller era disfrutar de una conferencia magistral, y el aprendizaje en ellos, una experiencia que algunos tuvimos el privilegio de alcanzar. Al mundo mejor se llega sembrando el bien, este debería ser su epitafio.

Margarita Muñoz, Chihuahua.

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Primer aniversario de la muerte de Enrique Servín, por Hugo Sánchez

Link al sitio con el texto original

Estamos reunidos para conmemorar un año de la muerte de nuestro amigo y maestro, Enrique Alberto Servín Herrera. Me acuerdo de que cuando platicábamos acerca de este momento me decías que no querías que fueran a hacer alguna cosa exagerada y que estabas, ya de por sí, muy molesto por tener a dos cuadras de tu casa el trasero de Fuentes Mares como para que fueran a hacer algo así contigo. Ni tu familia ni tus amigos permitiremos que hagan lo que quieran con tu nombre. Me pediste que le recordara a Kenia e Hiram lo mucho que los amabas y cómo resignificaron todo el curso de tu vida. El valor de tu obra está ya patente en tus libros y en los recuerdos que tenemos de tus conversaciones siempre con esa mezcla de pesimismo que inmediatamente después contradecías con una energía desbordante y esa alegría de vivir tan tuya.

   Quiero decirles a todos los que nos acompañan esta noche que tu deseo era siempre que se festejara incluso en un momento tan triste como este. Tengo tantas cosas que agradecer a Enrique: fue él quien presentó mi primera muestra de poesía y por quien obtuve un trabajo formal, también fue de él de quien recibí los mayores ejemplos de ética, después de los de mi propio padre, con respecto a lo que debe hacer en su vida un ser humano. Con él me subí a un avión por primera vez y al estar a punto de despegar me dijo: te das cuenta de cuántas generaciones en la historia de la humanidad han soñado con poder volar sin haberlo conseguido. Esa sola pregunta me marcó y la considero en sí misma un regalo ya que gracias a ella tomé conciencia de la brevedad de nuestra vida.

   Recorrimos medio país por carretera y al estar frente a la catedral de Zacatecas al igual que años después frente al Taj Mahal en la India, se nos humedecieron los ojos ante tanta belleza descrita por él arquitectónicamente, lo cual la hacía más cara a mi memoria. Quién no recuerda aquellos banquetes que nos preparaba junto con Tere Ortega: Arroz con joyas, Cometzarsi, Jincales, Fezenyan, todo junto a una profusa explicación e historia de la cocina Georgiana, o del imperio Persa. En veinte años casi nunca lo escuché repetir la misma historia, como les sucede a muchos grandes maestros.

   Escuchar a Enrique Servín era aprender de la vida y aprender a vivir, a no conformarnos con nuestros conceptos de crianza de lo que una persona debe conocer. Cuando nos encontrábamos en un restaurante y veíamos entrar extranjeros me decía: vente, vamos a saludarlos. Yo, avergonzado, me resistía ante tal proeza descarada de socialización, acto seguido él se levantaba y los conquistaba con todos aquellos trucos de magia que sabía aparecer como si hubieran estado refugiados en sedas de miles de colores.

   Cuando recién lo conocí, me habló de muchos de los escritores chihuahuenses contemporáneos como si hablara de grandes escritores a los que admiraba sinceramente por tal o cual escrito, me hacía un resumen de sus obras o me repetía poemas completos, o pasajes de sus novelas. Era un crítico que se basaba en formidables conocimientos pero también era un hombre que sabía reconocer el talento de los otros y era generoso al momento de promocionar a tal o cual artista. Luego se veía enredado en la lengua de otros que lo tachaban de misógino, de mafioso de la literatura, entre otras muchas cosas y le daba tristeza porque algunas veces se trataba de las mismas personas que él había  ayudado.

   Conocer a Enrique Servín fue un privilegio y su muerte nos obliga, como sus amigos, a dar la cara por él para exigir justicia pero también para rescatar el patrimonio cultural que representa su obra para Chihuahua. Es por ello que agradezco a toda su familia, en especial a sus hermanas, Gabriela, Lorelei y Pilar, por la confianza que han tenido conmigo, con René Cisneros y con Nelson Solorio para llevar a cabo acciones de búsqueda y rescate entre sus pertenencias. A este respecto tengo el privilegio de decirles que el trabajo de la misma familia y de sus amigos ha dado fruto, pues contamos con la novela inédita que creíamos perdida. Asimismo, contamos con uno de sus mayores tesoros literarios, El libro de las cosas que no existen, el cual terminó desde hace más de quince años y cuidadosamente resguardó para que se publicara después de su muerte —esto se deduce del hecho de que por su modestia no se atrevió a hacerlo en vida. Del mismo modo estamos conformando un archivo con sus poemas inéditos, de obra propia como de traducciones que hizo de diferentes autores e idiomas. Hay trabajo para un largo rato y sabemos que contamos con todos ustedes en caso de ser necesario. *

Hugo Sánchez

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Enrique Servín, mago – por Noel René Cisneros

La misma madrugada en que la comunidad literaria esperaba el anuncio del nuevo premio Nobel, escuchamos de la muerte de Enrique Servín. Siempre dule cuando un bueno se va, pero cuánto más duele la muerte perpetrada a manos de la delincuencia. ¿Dónde está el valor de la vida hoy día? En qué rinción no hemos de replegar los que creemos todavía, como Servín creyó, que la palabra vale; que el amanecer con sus colores todavía merecen la pena madrugar.

Incansable luchador del derecho a la lengua, a la subsistencia de la lengua, Enrique fue la figura de un caballero. Un generoso maestro que, siempre en su centro, fue la certeza de que esa vieja estirpe de gente buena haciendo cosas relevantes haría de este mundo un sitio mejor.

Ayer, lleno de coraje, huerfano de Enrique, pero también de esperanza, como si con su muerte se derramara esa gota (de sangre) en donde la posibilidad se cierra, el ánimo se desgasta y el anhelo se vuelve futil, hablé con un amigo, escritor, mucho más cercano a Servín. Lloré con él, mientras le decía: carajo. Y hoy, siendo consecuente, cedo el espacio de estas Necrológicas literarias a unas palabras que escribió. Y lo repito: Noel René, carajo… qué solos, y que tristes y desdichados nos estamos quedando, y es nomás culpa nuestra.

Julio César Toledo

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a Kenia e Iram, y a sus hermanas

Estoy del otro lado del oceáno, en Atenas, la ciudad donde deberías haber estado estos días. Cuando vuelva a México no te volveré a ver, ni escuchar. Lo escribo y me abruma, el verso de Poe me viene a la mente: Never more, never more.

 Te debo la poesía, por cuyo camino tan generosamente me condujiste. Ayer que supe la noticia pensé en Stop all the watches de Auden, el poema que condensaba mi dolor.

Callen los pianos y con ese tamborileo sordo
saquen el féretro… Acérquense los dolientes
que los aviones sobrevuelen quejumbrosos
y escriban en el cielo el mensaje: él ha muerto.

Dice la versión que hiciste al español. También fueron tus propias líneas las que recordé durante todo el día mientras trataba de comprender lo que significaba tu ausencia, tu ya no estar en el mundo. Uno de los poemas que forman parte de tu libro El Agua y la Sombra lo expresa mejor que yo:   

 

ELEGÍA

 
Un hombre joven toca su violín tarahumara
todas las tardes en su cuarto. Jesús Hielo.
Mi hermana lo recuerda, en Cerocahui.
—Afuera crece el mundo, concreto y vasto
Los cerros, interminablemente árboles, coníferas
los sembradíos, pastos, piedra, arenas.
Hoy murió.
Era mestizo, me dicen
contesto que tiene facciones muy indígenas
y debo corregir, tenía.
Es triste, esa primera vez, al hablar de alguien
usar el imperfecto
el verbo vivo, firme, cede al fin:
hablaba, decía. tenía, era.

Hielo tocaba su violín en la sierra.

-Enrique Servín-

Que eras un mago con las palabras nadie lo pone en duda, de los muchos momentos en que te vi ejercer esa magia, en que conjurabas espacios y tiempos tan distantes para hipnotizarnos y compartir lo que una poeta china sintió en el siglo VIII o lo que un bandolero francés del siglo XV, fue el momento en que lograste, con la pura fuerza de tu voz recitando un poema, embrujar a un grupo de adolescentes preparatorianos en un pueblo en mitad del desierto.

Fue en 2012 del trabajo te mandaron a la preparatoria de Ojinaga para hablar de Solar, la revista que edita el entonces instituto de cultura de Chihuahua, hoy secretaría. No era parte de tu trabajo, del Programa Institucional de Atención a las Lenguas y Literaturas Indígenas –al que al año siguiente ingrese a colaborar–, pero así era tu trabajo, muchas veces hacías más de lo que te correspondía.

Nos encontramos con un salón de actos colmado de adolescentes, en el que no había aire acondicionado. Ellos, como buenos adolescentes, bromeaban y gritaban aprovechando que por tu llegada tenían una clase libre, los maestros trataban infructuosamente de calmarlos. Tú estabas en el templete, como siempre antes de pasar al público nervioso —algo que sorprenderá a quienes veían tu desenvoltura cuando tomabas la palabra, pero, eras así—. De pronto, con la revista entre las manos diste un paso al frente y comenzaste a recitar —de memoria, como ahora yo mismo lo haré siguiendo tus pasos, y tratando de evocar tu versión—

Vivamos y amemos, Lesbia mía,
que a los soles les es dado volver a brillar,
pero, para nosotros, una vez la luz se ha puesto,
la noche es perpetua.
Dame un beso y después otros mil y después otros cien,
hasta que los viejos envidiciosos prefieran contar,
antes que nuestros besos, las estrellas del cielo
o los granos de arena del Sahara.

Mi memoria no es tan prodigiosa como para recordar a Catulo en latín, como tú lo hiciste esa mañana cuando todos los adolescentes quedaron cautivados con tu voz. Más de cincuenta adolescentes dejaron de hablar, de gritarse, de lanzarse comentarios soezes unos a otros, las muchachas de arreglarse el cabello o ponerse labial, para escucharte, para oír tu voz.

Tú les explicaste la belleza y la magia de la poesía, la forma en que después de dos mil años las palabras de Catulo seguían conmoviéndolos y diciéndoles algo. Esa es la poesía, esa es la magia de la poesía que tan bien conocías.

Me quedó contigo en ese salón, que con la sola potencia de tu voz hipnotizabas, me quedo contigo recitando poemas de memoria, me quedo con los poemas que aprendí por ti.

Noel René Cisneros

Publicado en Carruaje de Pájaros el 12 de octubre de 2019

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In memory of Enrique Servín Herrera, by Hugh Hazelton

The poet and translator Enrique Servín Herrera, one of the greatest linguists and defenders of indigenous culture in Mexico and a long-time consulting translator at the Banff International Literary Translation Centre, was tragically murdered in his home in the city of Chihuahua in October of last year. He was 62 years old. He was known and beloved by many participants in the BILTC program, and received the Linda Gaboriau Award for his work on behalf of literary translation in Mexico in 2014.

Enrique was fluent in a number of indigenous languages of northern Mexico, including Tarahumara and Pima. As director of the Department of Ethnic Cultures and Diversity for the state of Chihuahua, he was known throughout Mexico for his research, protection and support of eleven different indigenous languages of his region, as well as Quiché Maya. His colleague Victoria Montemayor described him as “one of the few figures who sprout up from the earth and with their simplicity, warmth, joyfulness, friendliness, love and passion for literature, poetry and languages, light up the lives of those around them.” A brilliant polyglot, Enrique translated from English, French, Polish, Arabic, Catalan, Russian, Portuguese, and Hindi. His lyrical, reflective poetry has been translated into English, Hebrew, Greek and Chinese. In his book Cuaderno de abalorios (Notebook of Beads), he wrote, “A language, which is at once a tradition, a register and a collective imagination, is an intangible library.” All those who knew him remember his courage, kindness, and wisdom, and will miss his presence in the world.

By Hugh Hazelton

January 24th, 2020

Literary Translators’ Association of Canada

Click aquí para ir al sitio donde se publicó.

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Acerca del viaje de la poesía mexicana, por Rati Saxena – Traducción de Hugo Servando Sánchez-.

Enrique Servín fue un pensador mexicano, poeta y estudioso. Él presentó su ponencia en el Kritya Festival de poesía 2017 en la que habló sobre la importancia de la creatividad y su impacto en la sociedad. Al pertenecer a México, su pensamiento es muy importante para poder entender la relevancia de la poesía en el desarrollo de otros países. 

Él dijo: “La poesía es la única manifestación de la creatividad humana que puede ser compuesta, expresada, mantenida, transmitida y difundida sin ningún tipo de soporte material y la única que escapa a la indigente realeza del comercio y la especulación, la acumulación del dinero y la codicia. Intensa, sublime, profunda, multi significativa, evanescente, la más resiliente manifestación y perdurable de todas las creaciones humanas. La poesía sobrevive fortalezas, armadas, templos, culturas, ideologías e imperios. No creo necesario insistir sobre esto: la religión de los romanos, los pródigos palacios que ellos construyeron y el basto imperio que aterrorizó y controló el mundo Mediterráneo durante siglos desapareció dejando tras de sí, nada salvo piedras dispersas y nada más. Pero, por otro lado, las églogas de Virgilio, Lucrecio, poemas monumentales y canciones de amor de Cátulo se mantienen intactas, llenas de significado y tan frescas para haber llegado a nosotros después de los últimos dos mil años.»

Comenta que, aunque ciertamente los lectores de poesía han sido siempre unos pocos, esos pocos han sido los más sensibles, críticos y lúcidos dentro de nuestras sociedades. 

Continuó diciendo, “…Hace muchos años, cuando yo tenía como seis años, mi abuela recitó para mí el poema “Los motivos del lobo” del gran poeta nicaragüense Rubén Darío. Es un poema narrativo escrito en un español inusual de una combinación de metros, en el que Darío narra la historia de San Francisco de Asís, domando un lobo de Gubbio e invitándolo a convivir pacíficamente entre los humanos, sólo para darse cuenta, después de unos meses, que el lobo había vuelto al campo, retomando su fiereza salvaje, propia de su hábitat. En el poema, San Francisco de Asís busca nuevamente al lobo para convencerlo de que regrese a vivir a con los humanos como lo hacían los perros domesticados. El lobo le dio una respuesta que lo convenció (al igual que a nosotros) de que los humanos, según lo que él mismo había atestiguado, no eran mejor que los lobos y que él había preferido volver a la terrible y agreste naturaleza a regresar al mundo feroz de los hombres. 

“…empecé a ver que en todas las casas

estaban la envidia, la saña, la ira

y en todos los rostros ardían las brasas

del odio…”

Esto viene a mi mente ahora porque significa que la primera muestra de poesía que escuché estaba cargada de un gran contenido ético. Además, la poesía no sólo cifra en su contenido creatividad y belleza; también codifica valores, ideales y visiones. Puede ser usada (y ha sido usada) como un medio de difusión, y puede ser un arma poderosa en contra de las equivocaciones, de la pulsión de muerte, al que solemos llamar el mal. Así ahora me gustaría dar testimonio de otro proceso en el que los poderes de sanación de la poesía se hacen evidentes. 

México, como muchos otros países, es el resultado de una guerra colonial en la que terminaron siendo dominadas las culturas indígenas y se creó una élite, en nuestro caso, profundamente enraizada a los conceptos y valores europeos. Es interesante notar que -en el primer encuentro entre los aztecas y los españoles- la reacción de Europa fue de sorpresa, temor, y gran admiración. Pero tan pronto los habitantes de México fueron militarmente abatidos, un rápido proceso de demonización de todos los aspectos indígenas (incluyendo, por supuesto, a las lenguas indígenas) ocioso e innecesario decir, que esto perduró por los últimos siglos. Los idiomas se convirtieron en dialectos, los sacerdotes en hechiceros y los dioses en demonios.

Como resultado de esta guerra ideológica, los indígenas fueron tratados como sub humanos y todos sus rasgos culturales fueron considerados como inferiores, casi siempre asociados con conceptos negativos o como anti valores: fealdad, violencia, flojera, estupidez. Aunque el sistema de castas que los españoles trataron de construir colapsó finalmente en el siglo diecisiete, México se ha convertido en una sociedad racista, y los nativos fueron considerados como nada menos que una carga para el progreso y la modernidad del país. Pero dos fenómenos sociales y culturales vinieron a cambiar esto: el primero de ellos fue La Revolución Mexicana, la cual poco después de su estallido reivindicó ideológicamente el pasado indígena (habiendo producido artistas y pensadores como Frida kahlo y Diego Rivera), y el otro fue la consolidación del movimiento poético indígena, iniciado durante la década de los setentas (y en crecimiento al día de hoy). Si bien este primer movimiento, basado en la literatura de un puñado de intelectuales indígenas, parece frágil y más aún poco viable, pronto a partir de la década de los ochentas fue evidente que los escritores en Maya, Zapoteco, y Azteca (llamado también náhuatl) se han convertido en uno de los acontecimientos más interesantes en siglos.  

Pero, como algo interesante, al pasar de las décadas que siguieron, ha habido una inesperada reacción por parte del gran público. Sorpresivamente, los dialectos se convirtieron en idiomas, capaces de expresar los más profundos sentimientos e ideas; detrás de las pequeñas comunidades indígenas de las sierras, las gentes de la actualidad y las más antiguas resistieron la confusión de la Historia y, poco a poco, las canciones y los poemas creados por los más pobres de los mexicanos revelaron el rostro más tierno de todo un país. Siguieron antologías, fueron creados nuevos festivales poéticos, importantes premios fueron establecidos y los ganadores se convirtieron en figuras públicas. El tema de la cultura indígena dejó de pertenecer sólo a los especialistas para convertirse en una preocupación nacional. Cuando, en 1990, el grupo indígena de los Zapatistas creó una rebelión que explotó en los medios de comunicación, el apoyo nacional ofrecido por la clase media y los estudiantes fue masivo. Y la poesía se volvió una influencia visible en ese proceso. 

Hoy en día casi todas las lenguas en el país pueden presumir de un movimiento poético local. Aunque en remotos lugares como los son las sierras o los cañones del estado de Chihuahua, el estado en el que vivo, la Tarahumara, siendo una de las más aisladas y con una sociedad de lo más conservadora de México, ha añadido una importante contribución, como puede probarse mediante poemas como el siguiente, escrito por el poeta Tarahumara Martín Makáwi.

El espíritu«

Cuando voy hacia el pueblo 

el polvo es tan sólo polvo 

el agua es tan sólo agua 

y el viento es tan sólo viento. 

Pero cuando danzo en piso de tierra 

y levanto el polvo 

entonces el polvo es la carne 

de mis antepasados; 

y el agua cristalina que corre 

es la sangre del mundo; 

y el viento es el espíritu de mi raza.

Enrique Servín finalizó su lectura recordando una estrofa más de Rubén Darío, quien comprendió la mágica y basta inmensidad de las posibilidades que nos da la palabra. Su poema comienza diciendo que, frente a las terribles realidades del mundo, la Poesía se nos revela como la raíz y la meta, finalizando con esta serena conclusión:

Supiste que el mundo, los odios, la mentira

los recelos, las crueles incidias, los espantos

se esfuman ante el alma celeste de la lira

que puebla el universo de estrellas y de cantos

Fuente: The fist which opens; por Rati Saxena;

Editorial Hawakal Publishers 2020

Traducción del inglés por Hugo Servando Sánchez

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