Enrique Alberto Servín Herrera
Nada en la India empieza o termina sin una pequeña ceremonia, siempre delicada y cargada de significados. Desde un encuentro casual, que se inicia juntando las palmas de las manos a la altura del corazón, hasta el comienzo de un evento cultural, en el cual se enciende una lámpara votiva alimentada por aceite de plátano, que al quemarse despide un aroma terso y profundo.
Rati Saxena, la extraordinaria poeta de lengua hindi que dirige la organización del encuentro, nos da a todos la bienvenida al llegar a la sede del Encuentro de Kritya y plantea el tema de la relación entre poesía y ética. Sobre todo en relación a la lucha contra la discriminación y la xenofobia, asunto que en la India -como en México- adquiere connotaciones particularmente dramáticas. Las horas que siguen (los días que siguen) las lecturas de poemas se alternarán con ponencias y ensayos sobre el poder de sanación de la palabra poética, con participantes de Turquía, Grecia, China, Suecia, España, Estonia, México y, por supuesto, la Madre India.
El evento incluye, además, la visita a la cárcel de Thiruvananthapuram; a una escuela católica (el número de católicos en Kerala es muy alto y se debe a razones históricas, ya que los cristianos siríacos y los portugueses llegaron a colonizar partes de la región) y a un ashram saibabita en el que habremos de leer, siempre bajo la coordinación estricta e inteligente de Rati, ante un grupo de niños huérfanos, una condición dolorosamente común en el sub-continente.