Enrique Alberto Servín Herrera
Hoy comí lengua de res. Me la sirvieron con todo y chisme, todavía enredado en la punta.
Lo que mejor me supo fue el chisme.
Anecdotario
Aquí reunimos publicaciones, recuerdos, anécdotas, reflexiones, fotografías y pequeños fragmentos compartidos por Enrique Servín.
Enrique Alberto Servín Herrera
Hoy comí lengua de res. Me la sirvieron con todo y chisme, todavía enredado en la punta.
Lo que mejor me supo fue el chisme.
Enrique Alberto Servín Herrera
Por alguna razón (ingenuidad, desconocimiento de la historia, simple falta de inteligencia), la mayoría de los integrantes de mi generación, allá por los finales de los setenta, pensaba que las guerras mundiales, los exterminios masivos, las limpiezas étnicas y toda otra forma de catástrofe social de resonancias apocalípticas habían sido superados. Quedaban las guerras regionales, las terribles divisiones económicas en las sociedades, los imperios geopolíticos, pero también eso, se creía, podría alguna vez ser superado, por el camino que fuera. Unos pocos gritaban advertencias terribles pero se les consideraba extremistas y excéntricos.
Ahora, desafortunadamente, todas esas amenazas vuelven a parecer posibilidades reales para un futuro más o menos cercano, y todo en el contexto de la demencial crisis ecológica que entre todos hemos generado..
¿Qué puede hacer el ciudadano común para lograr la sensatez, para despertar el lado luminoso del hombre, para evitar el derrumbe?
Enrique Alberto Servín Herrera
Escuchado esta tarde, en el Zócalo de la Ciudad de México:
“…Por eso hay tanta fanática, tantos ateos, tanta lesbiana, tanto joto; todos vociferando sus idioteces; ¡porque eso, hermanos, es lo único que saben hacer, los seguidores del error!: ¡Vociferar idioteces!”
(¿Lo que yo llamo “aventar piedras para arriba”?)
Enrique Alberto Servín Herrera
Propongo que se le cambie el nombre a la Avenida Díaz Ordaz.
De ahora en adelante: Avenida Mártires de Tlatelolco.
Enrique Alberto Servín Herrera
-¿Qué eres?
-Médico.
-¿Y sabes soñar?
-Creo que sí…
-Entonces ayúdame a encontrar a la víbora que me robó el alma.
[Escuchado en la comunidad de Batopilas, en la Sierra Tarahumara, cuando un hombre que había sufrido una mordedura de serpiente acudió a una consulta.]
Enrique Alberto Servín Herrera
Para operar el Nido de Lengua Pima que –gracias a la tenacidad y a la capacidad de coordinación de la incansable y sinérgica Peti Guerrero– hoy fue inaugurado en Ciudad Madera, se trajo a una joven profesora pima de El-Kìpor, Sonora, todavía hablante fluida del Pima.
Al preguntarle yo si entendía a los ancianos hablantes del Municipio de Madera, últimos conocedores del idioma en la región, me contestó que sí, que en la mañana había estado hablando con un viejito y que se habían entendido todo hasta que el anciano se había soltado llorando.
–¿Y por qué pasó eso? –le pregunté.
–Porque dice que hacía muchos años que no oía hablar el pima a una persona joven, y que eso lo hizo acordarse de muchas cosas y ponerse a llorar…