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Anecdotario

Anecdotario

Aquí reunimos publicaciones, recuerdos, anécdotas, reflexiones, fotografías y pequeños fragmentos compartidos por Enrique Servín.

Enrique Alberto Servín Herrera

Me vuelve la esperanza al cuerpo al escuchar a un grupo escolar de niños mayas comentando, en su lengua ancestral, lo que acaban de ver en un museo, en las afueras de Mérida. Alegres, emocionados, se acuerdan de esculturas, fotografías, reproducciones a escala de las antiguas ciudades.

A pesar de los terribles tiempos que hemos vivido, los mexicanos hemos logrado mantener y hasta abrir espacios para la cultura, el diálogo y la supervivencia de nuestra increíble diversidad. Ojalá que escogiéramos ese otro camino, que también es nuestro y también es posible.

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Enrique Alberto Servín Herrera

Dos señoras después de asistir a una lectura de poesía:

-Qué barbaridad, eso de comparar la vida con una lechuga se me hizo pero buenno. Porque, si se fija, son lo mismo: por fuera parecen flores, hermosas, redondas. Pero ya cuando uno se las come no vienen siendo nada…

-Si’s cierto: Pura agua. ¿Y quién dijo eso?

-Hugo Sánchez.

-¿El futbolista?

-Sí. No sabía que también fuera poeta…

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Enrique Alberto Servín Herrera

Dos de octubre:

No se olvida.

Como tantos otros tiranos, gustavo díaz ordaz (con minúsculas), murió sin ser castigado por los crímenes que cometió en contra del pueblo de México.

Hoy existen numerosas pruebas de su culpabilidad, pero, en su momento, él mismo asumió la responsabilidad directa por los terribles sucesos ocurridos en Tlatelolco.

Recordar es importante, y más en momentos como los que actualmente vive nuestro país, porque es una forma de intentar prevenir.

Dos de octubre:

Ni se perdona ni se olvida.

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Enrique Alberto Servín Herrera

Los libros que cabrían, entre otros, en el número seis:

1.-Genji Monogátari, de Murasaki Shikibu, quizá el primer gran cosmos narrativo de la historia de la literatura; 2.-Las Cosmicómicas, de Italo Calvino, un libro que detrás del humor (un humor maravilloso) esconde filosofía, poesía y ciencia. 3.-Retrato del Artista Adolescente, de James Joyce, que me dejó aturdido cuando yo mismo era un adolescente; 4.-Pale Fire, de Vladimir Nabokov, obra transgenérica, inteligentísima y divertida como muy pocas; 5.-Obra Poética, de Arthur Rimbaud (ese deslumbramiento perdurable que es la poesía de Rimbaud); 6.-Ensayos, de Montaigne, un compedio que a cada lectura parece estar creciendo, desdoblándose, volviéndose más profundo; 7.-Ficciones, de Jorge Luis Borges (el José Luis Borjez del retrasado mental de Fox), Borges es quizá el más grande escritor del idioma; 8.-Leaves of Grass, de Walt Whitman (lo leí a orillas del Papigochi, un verano lluvioso y lleno de flores, así que el mundo entero parecía influido por Whitman); 9.-El Libro de las Mil y Una Noches, (escrito por mil y un autores indostanos, persas y árabes); 10.-¿El Quijote de la Mancha? ¿El Libro Secreto de los Mongoles? ¿El Ramayana de Valmiki? ¿El Divan de Shams ed Din e Tabrízi? No me atrevo a escoger.

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Enrique Alberto Servín Herrera

Cuando, hace treinta años, uno le preguntaba a un escritor que cuales eran los diez libros que se llevaría consigo en un cohete a la luna, la moda era responder que, por muchas razones (que unas veces se explicaban y otras no), se trataba de un ejercicio infantil, estúpido, cruel y sin sentido. Ahora la moda es enumerar esos diez libros sin chistar. Vayan los míos pues:

1.-“Trilogía” (Diván del Príncipe de Emgión, seguido de La Saga de Fátima y Guía para el inframundo) de ese descomunal escritor secreto (en estas desérticas latitudes) que fue el sueco Gunnar Ekelöf. Un poemario que me dejó hipnotizado durante meses, y cuya profundidad y complejidad todavía ahora no acabo de explorar ni de entender del todo;

2.- “El Sueño del Aposento Rojo”, de Cao Xue Qin, la gran novela postclásica china, algo así como el “Quijote” de la literatura en mandarín, un universo de tramas, sueños, enredaderas verbales y delicadeza narrativa;

3.-La “Antología Griega”, un libro diverso, inesperadamente divertido, por momentos misterioso y con frecuencia sublime. Escrito, como tantos otros libros de la antigüedad, por el tiempo, y no por un solo individuo.

4.-El “Popol Vuh”, o “Libro de la Estera”. Sin duda alguna la máxima creación literaria de la América antigua, lleno de personajes tectónicos, accidentes cósmicos y aventuras vertiginosas y llenas de magia.

5.- “Los Poemas”, obra poética reunida, del griego Constantino Kavafis. Un verdadero prodigio de sobriedad y elegancia, basado en una postura filosófica estoica y en una amplia visión de lo humano;

7.- “Antología de la poesía China, desde los orígenes hasta la Revolución Cultural”, de Marcela de Juan (Ma Se Wan). Pocas veces en la historia de la literatura se habrán reunido tantos deslumbramientos en tan pocas páginas;

8.-“Pédro Páramo”, de Juan Rulfo. Una novela densa y escueta que no parece escrita, sino esculpida en piedra volcánica. Bernard Batubara, un escritor y crítico indonesio escribió recientemente que en Pedro Páramo “cada párrafo es una obra maestra”.

9.-“Memorias de Adriano”, de Marguerite Yourcenar, libro en el que los temas de la juventud,el poder político, el amor, la vejez y la muerte se funden en una sola cifra luminosa de la experiencia humana.

10.-“Obra Poética”, de Fernando Pessoa. La constelación Pessoa. El Universo Pessoa.

Con disculpas, por supuesto, para las muchas otras obras maestras que estas listas nos obligan a dejar fuera. Para esas dejé en blanco el número seis.

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Enrique Alberto Servín Herrera

Allá hacia finales de los setenta un grupo de jóvenes chihuahuenses, entre los cuales yo me encontraba, publicamos una revista que (siguiendo a André Breton) se llamaba “Palabras Sin Arrugas”.

Si quisiéramos relanzarla ahora, treinta años después, habría que nombrarla (siguiendo a René Cisneros), “Palabras con Arrugas, Canas y Achaques”.

C’est la vie.

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