Enrique Alberto Servín Herrera
Hace tres o cuatro años me pidieron que sustituyera a un maestro en una clase de griego porque, por motivos personales, él no iba a poder asistir ese día. Llegué al salón y comencé a escribir en el pizarrón una serie de oraciones griegas de los períodos clásico y helenista que previamente había seleccionado para la sesión: Platón, Aristóteles y fragmentos de la primera Epístola a los Corintios de Pablo de Tarso. De entre los estudiantes, destacaba una mujer joven que, con mucha atención y bastante rapidez, armaba las traducciones al castellano. Era Lucía Chavira.
Después un par de amigos y yo tuvimos la ocasión de participar en un proyecto de apoyo a una familia del ejido de Soledad que había caído en una situación verdaderamente trágica, y a mí y al grupo de personas que interactuamos con Lucía nos fascinó su honda sensibilidad humana y su extraordinaria capacidad de ser solidaria al nivel más personal, ambas completamente inusuales en nuestra clase política.
Pero en efecto: el capital de Lucía no es estrictamente político. Es un capital social, un sólido capital humano basado en lo que sabe, en lo que le interesa, en todo lo que ha hecho de manera inobjetable, incuestionable. Me atrevo a escribir esto (en un contexto como el que, desafortunadamente, ahora vive Chihuahua) porque sé que cualquier persona que la haya tratado y que conozca su trabajo estará de completamente de acuerdo conmigo.
Hace poco, en una conversación, alguien mencionaba una crítica hecha por un político conservador en relación al dinero que se gasta en la rehabilitación de personas con problemas de adicción y en los internos de los centros penitenciarios. Por supuesto, se escucharon varias réplicas a esta irreflexiva e irresponsable postura, pero Lucía cerró con un comentario que creo que resume, de manera muy nítida, su visión y su sensibilidad: “Sobre todo”, expresó, “no hay que perder de vista que cualquier problema social está socialmente construido, está políticamente construido; y que por lo tanto debe ser atendido con políticas públicas, con políticas sociales: A mayor gasto en educación, en deporte, en cultura, en acceso al trabajo y a la seguridad social, menor delincuencia y menor índice en el problema de las adicciones.”
Ahora que las circunstancias y las turbulencias de nuestro entorno, y quizá sin que ella misma lo haya buscado, la enfilan hacia una nueva etapa de su carrera, no me queda sino desearle el más rotundo de los éxitos. Necesitamos muchas personas como ella.