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Anecdotario

Anecdotario

Aquí reunimos publicaciones, recuerdos, anécdotas, reflexiones, fotografías y pequeños fragmentos compartidos por Enrique Servín.

Enrique Alberto Servín Herrera

Dos de octubre no se olvida.

Ni ninguna otra matanza, desaparición, crimen de estado o violación a los derechos humanos, porque de esto depende la construcción de un país democrático, justo, igualitario y estable.

Pero ¿qué significa “no olvidar”? Significa exigir la aplicación de la ley, significa exigir la vigencia del estado de derecho.

Hasta ahora, no hemos logrado este ideal.

El orden neo-liberal, y a pesar de algunos logros notables (como la relativa libertad de expresión), y de otros avances , más aparentes que reales (como la alternancia política, hasta ahora programática y basada en pactos de lealtades), ha acendrado las tensiones en la sociedad y ha generado un enorme potencial de violencia.

Nunca perdamos de vista que ningún gobierno puede estar por encima de los ciudadanos ni por encima de esa importantísima expresión de la ciudadanía: las libertades civiles y los derechos humanos.

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Enrique Alberto Servín Herrera

Anoche, durante la inauguración del Centro Cultural “Quinta Carolina”, se me acercó un amigo a saludar. Yo me encontraba con David Lauer, uno de los grandes fotógrafos de Chihuahua, quien con aire aristocrático escuchaba la orquesta.

Decidí presentarlos:

“This is mister David Lauer, new Viceroy of Mexico, just recently appointed by Mister Trump…” (El señor David Lauer, nuevo Virrey de México, recientemente nombrado por el señor Trump…)

Sin inmutarse, David inclinó levemente la cabeza, señaló con un elegante ademán a la orquesta, que tocaba “New York, New York”, y añadió con un tono bajo y ceremonioso, aunque impregnado de un fuerte acento texano:

“Good evening Sir. I hope you like that song… because you will be hearing it a lot…” (Buenas noches, caballero. Espero que le guste esa canción… porque habrá de escucharla demasiado…)

Mi amigo se quedó imperturbable. Todavía no sabe inglés…

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Enrique Alberto Servín Herrera

Roberto Ransom es, sin duda alguna, uno de los grandes lujos que se ha dado nuestra ciudad. Inteligente, extraordinariamente culto, formado en la más severa y profesional tradición académica, su talento como escritor ha cristalizado en varias novelas y libros de ensayos que ya han encontrado un lugar muy visible en el panorama de la literatura mexicana contemporánea. Su amabilidad y su inigualable capacidad para el diálogo lo convierten, además, en un interlocutor de privilegio y, para quienes hemos tenido la fortuna de tratarlo, en un amigo de excepción.

Esperemos seguir contando con él por mucho tiempo, aprovechando, como comunidad, su talento y su capacidad de trabajo.

(Celebrando la reciente conclusión de su más reciente novela, a ser publicada en los próximos meses)

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Enrique Alberto Servín Herrera

Habiendo escuchado por azar, en un barrio de escaso nivel económico, una conversación en la que dos mujeres apoyaban el matrimonio entre personas del mismo sexo, el lingüista Edgar Moreno y yo continuamos nuestro camino hacia el Bar Azteca, en los límites del centro de la ciudad. Comenté que era increíble lo mucho que han ido cambiando las actitudes morales, incluso en un lugar como Chihuahua. Al poco tiempo de haber llegado, apareció un bolero y le pedí que por favor les diera una repasada a mis zapatos. Edgar me pidió discretamente que también le preguntara su opinión sobre el tema del matrimonio igualitario al bolero, un hombre de unos cuarenta años. Su respuesta me fascinó y ahora la comparto aquí:

“¿Sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo? Pues ¿qué opinaré? No, no le sabría decir… A la mejor… que no se me hace algo tan importante. Que las personas se casen o no se casen, que los dejen o que no los dejen casarse… No se me hace algo tan importante. Mire: yo soy un hombre solo. Por feo, por pobre, por no tener estudios, por lo que usté quiera, pero nunca encontré una mujer que se enamorara de mí. Y sigo estando solo, a estas alturas. Pero volteo pa todas partes y por todas partes veo gente que, cuando llega a su casa, alguien les dice: ‘¿Ya llegaste, vieja? ¿Ya llegaste, viejo? Qué bueno; ¿Ya llegaste, papá? Qué bueno, qué bueno que ya llegaste.’ Y me pongo a pensar en lo bonito que hubiera sido si mi vida fuera así. Porque eso es lo que se me hace un milagro: que la gente se encuentre, que la gente se enamore, que la gente se junte. Que la gente tenga hijos que los quieran. ¿A mí qué me importa si firman o no un papel en el registro civil? ¿Qué me importa si son un hombre y una mujer, o dos hombres, o dos mujeres? ¿Qué me importa si los hijos son de ellos o son recogidos, o si firmaron o no para recogerlos? A mí lo que se me hace un milagro es que haya tanta gente que tenga quien los quiera. Eso es lo que a mí se me hace importante…”

Una respuesta muy válida, por supuesto. ¿Qué más podría comentarse?

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Enrique Alberto Servín Herrera

Propongo que el mundo académico acepte una nueva disciplina científica: la amistoterapia.

Y que la Academia de la Lengua introduzca el término en la próxima edición de su controvertido diccionario, de manera que podamos publicar frases como la siguente: “La amistoterapia funciona de manera óptima ya sea a la sombra de un café, o a la luz de una cerveza”.

(Para Noni Chávez, amiga desde el Período Precámbrico).

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Enrique Alberto Servín Herrera

Quien sepa cómo vivo y lo qué poseo sabe, necesariamente, que gano mal y que, definitivamente, no robo ni he robado nunca. La nota aparecida hoy en relación al PIALLI en un medio digital, (evidentemente dictada por la mera malignidad política, o por el odio gratuito que llamamos fobia, o simplemente por envidia), es una sarta de calumnias, imprecisiones y verdades a medias, evidentemente manipuladas y profundamente mal intencionadas. Ahora entiendo por que la “reportera” que me fue a visitar a la oficina se hizo pasar por una “alumna interesada en las lenguas indígenas”, y porqué se veía tan nerviosa y hacía preguntas tan inconexas e ilógicas. Llevaba línea, está claro. Ya le habían dicho lo que tenía que escribir.

Aclaro rápidamente, a reserva de que cualquier persona puede dirigirse a mí para recibir explicaciones más amplias:

A) Los libros publicados por el PIALLI no son “la única” acción del programa. Hemos impartido en comunidades de la Sierra Tarahumara decenas de cursos de revalorización lingüística y cultural, cursos de capacitación de promotores lingüísticos (un concepto desarrollado en el PIALLI y ahora copiado en otras partes de la república); hemos organizado ceremonias de celebración del Día Internacional de la Lengua Materna; entregado nueve premios “Guardián de la Palabra”, a narradores orales o promotores culturales indígenas; publicado más de veinte audiolibros en guarojío, tepehuán, pima y tarahumar; ofrecido cursos gratuitos de tarahumar a dos niveles, elemental e intermedio; coordinado los comités de modernización léxica del tepehuán y el tarahumar; ejecutado decenas de murales en el primer programa de elaboración de “paisajes lingüísticos” permanente en este país; elaborado un cortometraje en tarahumar, etcétera, etcétera.

b) Los libros publicados por el PIALLI no se someten a concurso simplemente porque seguimos las normativas dictadas por el INALI, a nivel federal, que considera, acertadísimamente, que la publicación de materiales en los idiomas indígenas no puede, ni debe, seguir las dinámicas de los espacios editoriales dedicados a promover la literatura en español. ¿Cuánta gente escribe novelas, libros de historia o poemarios en guarojío, tarahumar, pima? De hecho algunos de los libros que hemos publicado, de manera monolingüe en el idioma indígena, fueron traducidos por iniciativa del PIALLI. Publicamos los libros que creemos que podrían tener un efecto iconizante hacia las lenguas y las culturas indígenas del estado, también cualquier material de lectura monolingüe que sea propuesta al programa (y hemos hecho la oferta públicamente en numerosas ocasiones y en numerosos lugares), así como cualquier investigación que aporte al estudio de dichas lenguas, o de los procesos de conflicto lingüístico que actualmente las amenazan. De la misma manera, dichos materiales por el momento no pueden ni deben ser vendidos, sino que deben ser obsequiados a todos aquellos interesados que los soliciten.

b) La Biblioteca Digital no es un proyecto del PIALLI, es una propuesta del instituto que debe incluir un espacio para los libros, audiolibros y el video que hemos producido. A la fecha, mi única acción (repito: única) en relación a ese proyecto, ha sido elaborar un presupuesto para, llegado el momento, pagar los elementos necesarios para la construcción de un sitio digital digno: fotografías, entrevistas en video, etc.

c) De igual manera, a la fecha no he firmado ningún documento (repito: ningún documento) requiriendo erogaciones de gastos o pagos relativos a dicho proyecto; pagos y erogaciones que, por lo demás, y como lo sabe cualquier persona que sepa un mínimo de administración pública, no puedo hacer yo, ya que eso corresponde a otros departamentos.

d) El presupuesto del PIALLI es de menos de un millón de pesos ANUAL, y el equipo consta de tan sólo dos personas: un servidor y Maribel Quintana.

e) La fotografía de unas cajas en desorden que tomó la “estudiante” comisionada obedece a que actualmente nos estamos cambiando de lugar, ya que la antigua casona de Los Laureles será convertida en una Casa de Cultura, y el PIALLI va a ser trasladado a otro espacio. Pero en fin: la mala leche es simplemente mala leche, y el mal periodismo, el periodismo sin ética ni sentido del deber (informar con la verdad) es tan sólo eso: mal periodismo.

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