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Anecdotario

Anecdotario

Aquí reunimos publicaciones, recuerdos, anécdotas, reflexiones, fotografías y pequeños fragmentos compartidos por Enrique Servín.

Enrique Alberto Servín Herrera

La crisis provocada por la llegada del extremista Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos ha desatado justas reacciones de enojo y desaprobación por parte de millones de personas en todo el planeta y, por supuesto, particularmente en Mexico, país al que Trump ha demonizado y convertido, caricaturescamente, en un enemigo de la unión americana y, casi, de la civilización misma.

Pero también es una buena oportunidad para analizar nuestros propios defectos y faltas como nación. Nos indignan e irritan el odio estadounidense contra lo mexicano y el trato que se les da allá a los inmigrantes provenientes del sur. Pero México mismo no ha tratado mejor a los centroamericanos o, para el caso, a los demás inmigrantes del tercer mundo que tratan de pasar por nuestro territorio para acceder al ya inexistente “sueño americano”, por citar un ejemplo.

Particularmente dolorosa resulta nuestra hipocresía al analizar el tema de las culturas minoritarias que conviven en el mosaico pluricultural y plurirracial que es México. Criticamos y ridiculizamos la “Only-English Bill”, que prohibe el uso del castellano en las escuelas públicas de Estados Unidos, pero tenemos dos siglos tratando de borrar a las lenguas y las culturas indígenas a través de las diversas encarnaciones de la educación castellanizadora: los intrenados indígenas; la escuela bilingüe; la escuela bilingüe y bicultural; la escuela intercultural bilingüe.

Y esa hipocresía, esa doble moral hacia la cultura, se vuelve más grotesca cuando analizamos nuestras propias políticas hacia las lenguas y las culturas de las minorías europeas o norteamericanas que coexisten en nuestro país: a los tzotziles o a los nahuas o a los guarojíos se les niega la posibilidad de una educación comunitaria y monolingüe en su idioma materno; pero en cambio a las minorías blancas y de cultura occidental sí se les permite abiertamente. El Liceo Catalán, las escuelas en las que la educación se imparte en inglés, el Liceo Francés y otras más.

El Norte de México es muy ejemplificativo porque, de seis idiomas minoritarios que se hablan de manera más o menos estable y territorial en el estado, cuatro son lenguas originarias (guarojío, pima, tarahumar y tepehuán) y dos son lenguas de origen europeo (el plautdietsch de los menonitas y el inglés de los mormones). Y, previsiblemente, a las cuatro primeras se les impone la educación castellanizadora, mientras que a las dos últimas se le permite una educación comunitaria y monolingüe en el idioma materno.

Independientemente del contexto internacional (o quizá tomándolo en cuenta y tomándolo en serio), es hora de que nos atrevamos a criticarnos a nosotros mismos con valentía y generosidad pero, sobre todo, con verdadera congruencia.

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Enrique Alberto Servín Herrera

Hace algún tiempo sobreviví a la presentación de un libro de historia atiborrado de esencialismos, íconografías hollywoodenses, clichés y representaciones imaginarias troqueladas y seriales.

El presentador era Pinnueve, porque es lo que le sigue a Pinocho, quien, por supuesto, era el autor.

(Cinco personas involucradas en un conflicto darán cinco versiones diferentes del mismo).

(El historiador pretende dar una versión única de algo ocurrido a cinco millones de personas).

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Enrique Alberto Servín Herrera

El discurso de toma de posesión de Donald Trump, lejos de adoptar un tono post electoral, más moderado y conciliatorio, reafirmó sus posturas agresivas y monológicas, basadas en una visión mesiánica (en su caso sí que es evidente) y en un absurdo y agresivo nacionalismo, digno de Hitler y Mussolini.

El sistema político estadounidense, ya de por sí erosionado por el “lobbyismo” y los ríos de dinero que mueven sus mecanismos más íntimos e importantes, corre peligro de acabar convirtiéndose en una verdadera dictadura.

Pero además corren peligro lo que queda de los ecosistemas, lo que queda del equilibrio climático, lo que queda de la paz mundial.

Deberíamos estar diseñando, a toda prisa, mecanismos de resistencia y oposición. Y no sólo los mexicanos, a quienes Trump ha señalado en múltiples ocasiones como el ícono mismo de la enemistad, sino todos los interesados en el cada vez más remoto sueño de un mundo mejor.

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Enrique Alberto Servín Herrera

Me acabo de encontrar el Corán en la sección de “Nuevos talentos” de una conocida librería. Al tomar el libro para hojearlo me di cuenta de que la editorial que publica esa versión se llama, precisamente “Nuevo Talento”.

Creo que al profeta del Islam, una de cuyas azoras establece que el Corán es nada menos que uno de los atributos de Dios -y por lo tanto es increado y atemporal- no le hubiera gustado ninguna de estas dos etiquetas publicitarias.

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Enrique Alberto Servín Herrera

Les comparto esta curiosa “crítica de la vida”, testimoniada ayer en casa de Mari Rouhana.

Llègo a preguntarle a Mari si podría cocinarme un pato que compré para la cena del 24.

En un rincón de la cocina está sentada otra señora, como de unos setenta años, muy quietecita.

(La señora): -¿Patooo? ¿Y por qué patooo?

(Yo): -Pues… porque es muy sabroso, señora…

(Ella): -¿A poooco? Pooobrecito patiiito, ¿y él qué daño le hacía a usté?

(Yo): -Ninguno. Pero yo no lo maté, señora. Yo nada más lo compré ya muerto y me lo pienso comer.

(Ella, muy seria): -Pos ai-st-el daaañooo, señor. Imagínese nada más, que feo ha de ser, sentir que se lo comen a unooo.

(Yo): -Lo que pasa es que si yo no como nada, me muero.

(ella): -Pues sí, señor, pero coma lechuga, coliflor, repollo, algo que no sienta que se lo-stan comiendooo…

(Yo, ya algo cócoro): -¿Y usté cómo sabe que la lechuga no siente?

(Silencio sepulcral).

(La señora, muy pensativa): -Pues sí, verdá. Pos entonces ya mejor morirnos todos, para que de una vez por todas se acabe esta comedeeera…

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Enrique Alberto Servín Herrera

El racismo en una enfermedad ideológica que, por supuesto, ha aparecido en muchas culturas. Sin embargo ningún racismo ha sido tan virulento y agresivo como el que desarrollaron los pueblos europeos durante el proceso de expansión colonial (del cual deriva, a partir del contacto en el Siglo XVI, el racismo mexicano). El racismo europeo fue el único, por ejemplo, que desarrolló una esclavitud basada sobre lineas raciales. También es el único que desarrolló toda una “teoría” propia, durante el auge del nazismo alemán.

Es posible que en el pasado haya habido racismos parecidos en otras partes del mundo. Por ejemplo el complejo sistema de castas en la India parece haber tenido un origen racista, como lo demostraría el hecho de que la palabra para “casta” en sánscrito (“varna”) significa literalmente “color”.

Es cierto que en México no hemos tenido algo parecido al apartheid, pero lo terrible del racismo mexicano es que, a pesar de haber estado allí siempre, ha pasado casi siempre desapercibido, y no se puede luchar contra un monstruo invisible.

Y México es un país en el que se ha luchado muy poco contra el racismo, a pesar de que nuestro racismo ha sido un componente constante en los fenómenos de la movilidad social, la violencia de género, la política y, por supuesto, en la conformación del infame elenco televisivo, que invariablemente muestra a un México blanco, estilizado hasta lo caricaturesco, inexistente y producto de una autopercepción verdaderamente esquizoide.

Las leyes mexicanas que mencionan y castigan el racismo (la discriminación por motivos de apariencia y origen racial) son muy recientes, y nunca han estado en el centro del debate nacional.

Por ejemplo: nunca han sido capaces de influir, como acabo de mencionar, ni siquiera en las políticas de los canales de televisión.

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