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Anecdotario

Anecdotario

Aquí reunimos publicaciones, recuerdos, anécdotas, reflexiones, fotografías y pequeños fragmentos compartidos por Enrique Servín.

Enrique Alberto Servín Herrera

Les recomiendo muchísimo el (-cómo llamarlo-) documental-de-arte: “Cave of Forgotten Dreams”, de Werner Herzog. Es básicamente un recorrido visual e intelectual por el interior de la Gruta Chauvet (localizada en Ardèche, Francia), en la que fueron encontradas numerosas pinturas rupestres a principios de la década de los noventa.

La gruta era hasta entonces desconocida porque un terremoto derrumbó la entrada hace miles de años, dejando únicamente “respiraderos” muy angostos. Habiendo detectado una corriente de aire en uno de estos resquicios, un grupo de espeleólogos, en 1994, agrandó la grieta para explorar la cueva desconocida. Lo que descubrieron los dejó en un estado de verdadera alucinación. Decenas de pinturas que ningún ser humano había visto durante los últimos quince mil años: Rinocerontes atacando presas invisibles, manadas de ciervos, mamuts lanudos, huellas rojas de manos humanas, grupos de leones europeos…

Las huellas de manos humanas han sido ahora estudiadas y ciertos individuos pueden ser identificados, entre ellos un hombre que, hace decenas de milenios, recorrió la cueva y dejó la huella de su mano derecha en varios lugares del templo subterráneo.

Pero no “solo” eso. El piso de la cueva estaba lleno de huesos de grandes mamíferos, seguramente considerados sagrados, y en algunos rincones mostraba rastros de una intensa actividad ritual. Una de estas evidencias, la más impresionante, es una roca sobre la cual estaba cuidadosamente colocado el cráneo de un oso de las cavernas, también extinto hace ya siglos. El conjunto esta ahora cubierto por una capa de brillantes cristales y es, sin duda alguna, el altar más viejo del que se tiene noticia.

El final del reportaje es sencillamente genial, pero, por razones obvias, no se los comento aquí. Baste insinuar que es una síntesis de todo lo grande y terrible que han sido, los últimos treinta mil años, la imaginación y la inventiva del hombre. Tienen que verlo.

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Enrique Alberto Servín Herrera

Cuando yo tenía once o doce años, unos amigos y no nos íbamos de excursión a los arroyos cercanos a la ciudad (que ahora son colonias, avenidas mal pavimentadas, maquiladoras, cárceles o enormes basureros) y en el camino nos encontrábamos tortugas, sapos, víboras, culebras de colores, codornices, liebres, conejos y hasta coyotes.

Ahora, incluso saliendo de la ciudad, es muy difícil, o imposible, ver esa variedad de fauna. Pero los bisabuelos de nuestros bisabuelos pudieron haber visto cerca de aquí venados bura, águilas reales, manadas de búfalos.

Me pregunto si estamos conscientes del ritmo al que ha avanzado el deterioro ecológico en el mundo. Me acabo de enterar que las salamandras gigantes de China (de metro y medio de longitud), todavía comunes hacia principios de los noventa, ya no pueden ser encontradas más que en cautiverio, en los pocos zoológicos que conservan unos cuantos ejemplares; la contaminación de los ríos y el exceso de población humana las hicieron desaparecer. Y acabo de enterarme que cerca del Cañon de Chaco, una de las regiones más bellas del mundo, se va a comenzar a explotar el gas natural mediante la devastadora técnica del “fracking”.

¿Cómo va a ser el mundo en veinte años, en cincuenta, en cien años?

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Enrique Alberto Servín Herrera

En un ocasión me preguntó un muchacho español (“Javi”, para más señas) que le recomendara una ciudad indígena antigua para ir en Semana Santa.

Le dije que fuera a Teotihuacán, muy cerca de la Ciudad de México.

A las tres semanas me lo volví a encontrar en la calle: “¿Cómo te fue?” “Hombre, que aquello esh un fraude deshcomunal; para empethár, ésha pirámide la ha construío el dictador Díath, que era un afranthesháo”

“¿Por qué crees eso?”, le pregunté. “Porque éshas eshcalinátash dóblesh shon por completo franthéshash; y luego el colmo, te athércash y abájjo vesh únosh reflectóresh ¿cómo va haber habido reflectóresh en tiemposh de losh máyash?”.

Que me caiga un rayo si no es cierto, palabra por palabra. Pero bueno, de todo tiene que haber…

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